Hoy ha sido un día intenso. En unas pocas horas he podido respirar la idiosincrasia de Perú, su problemática, toda su complejidad. La verdad es que me faltan palabras. Conocer a una familia que vive de manera infrahumana, dependiendo de los ciclos del campo, de los caprichos de la meteorología y sabiendo que arriesgan al máximo. Y a perro flaco todo son pulgas. Pero ellos siguen ofreciendo su caridad, siguen siendo dignos hijos de la tierra y de la naturaleza prestando a nosotros, unos meros desconocidos, gran parte de su comida, de su trabajo, de su vida. Porque para ellos el precio justo se limita a escuchar sus historias, así de simple, así de humilde, así de honesto. No piden más.
Conocer a gente que se ve en la necesidad de sobrevivir con 25 € mensuales (100 soles), trabajando 9 ó 10 horas diarias (haced cuentas); todo para pagarse unos estudios que le cuestan ya mensualmente cerca de 10 € y viviendo de la caridad de su familia. Habiendo vivido una vida indigna llena de problemas y teniendo como único (pero valiosísimo aliado y compañero de viaje fiel e inseparable) a Dios. Él lo dispone absolutamente todo, por lo que sólo queda pasar las pruebas lo mejor que uno pueda y apretar los dientes con aquellas que no nos gusten tanto. Es triste, no por tener únicamente a Dios, sino porque el mundo disponga de este tipo de situaciones. Ni las lágrimas calman este tipo de situaciones, y muchas veces las palabras poco sirven, aunque sean palabras sinceras. La psicoterapia apenas alivia estas heridas.
Curiosa nuestra postura, curioso que lo más importante que nosotros en nuestra vida sea si vamos a Zara o a Mango a comprar o si estaremos guapos con este o el otro jersey. ¡Qué pequeño me siento yo ante semejantes alardes de humildad! ¡Qué poca persona me siento al lado de estos seres humanos (ellos sí que son humanos) con un corazón tan grande! Y lo peor es que te tienes que guardar tus lágrimas, que no merecen la pena. Que para ellos la vida se limita a una sucesión de suertes, y que en la primera lotería no les tocó vivir en país occidental. Un país donde se consume aún más, donde los sueldos van subiendo de manera proporcional a lo que lo hacen nuestros endeudamientos (cuanto más tenemos, más queremos), que no es poco.
Simplezas, hipocresía y la manía de seguir a pie juntillas los manuales de lo políticamente correcto. La Biblia de la hipocresía, de la no- honestidad. Pero así somos, señores, y así seremos; por el resto de nuestros días.
Conocer a gente que se ve en la necesidad de sobrevivir con 25 € mensuales (100 soles), trabajando 9 ó 10 horas diarias (haced cuentas); todo para pagarse unos estudios que le cuestan ya mensualmente cerca de 10 € y viviendo de la caridad de su familia. Habiendo vivido una vida indigna llena de problemas y teniendo como único (pero valiosísimo aliado y compañero de viaje fiel e inseparable) a Dios. Él lo dispone absolutamente todo, por lo que sólo queda pasar las pruebas lo mejor que uno pueda y apretar los dientes con aquellas que no nos gusten tanto. Es triste, no por tener únicamente a Dios, sino porque el mundo disponga de este tipo de situaciones. Ni las lágrimas calman este tipo de situaciones, y muchas veces las palabras poco sirven, aunque sean palabras sinceras. La psicoterapia apenas alivia estas heridas.
Curiosa nuestra postura, curioso que lo más importante que nosotros en nuestra vida sea si vamos a Zara o a Mango a comprar o si estaremos guapos con este o el otro jersey. ¡Qué pequeño me siento yo ante semejantes alardes de humildad! ¡Qué poca persona me siento al lado de estos seres humanos (ellos sí que son humanos) con un corazón tan grande! Y lo peor es que te tienes que guardar tus lágrimas, que no merecen la pena. Que para ellos la vida se limita a una sucesión de suertes, y que en la primera lotería no les tocó vivir en país occidental. Un país donde se consume aún más, donde los sueldos van subiendo de manera proporcional a lo que lo hacen nuestros endeudamientos (cuanto más tenemos, más queremos), que no es poco.
Simplezas, hipocresía y la manía de seguir a pie juntillas los manuales de lo políticamente correcto. La Biblia de la hipocresía, de la no- honestidad. Pero así somos, señores, y así seremos; por el resto de nuestros días.

Muy correcto desde mi punto de vista tu analisis de lo que estas viendo, toda una experiencia, pero no solo este testimonio, todo en general diria yo..Dicen que dios nos ayuda,y dios nos quita cunado lo merecemos, y a decir verdad, vaya cabron que se ha vuelto dios ultimamente no? O soy yo, o dios reparte mas por nuestros lares, y tiene miedo de bajar al sur, no se le vayan a escocer los huevos con el calor..o de verguenza…el sabra, que para eso es dios no?Mientras, nosotros seguiremos con nuestra sucesion de suertes, que nos ha tocado el saco de los premios y aun tenemos la oportunidad de pasa 2 meses mas en este precioso sitio..Un saludo al que a escrito de parte del que escribe,AIO!